Una vez, una perfecta y yo nos disputados un hombre. Uno de los que más amé. Y por supuesto que ganó la perfecta.
Pero intuyo, que cuando la perfecta se descuida, el tampoco le puede escapar a sus recuerdos imperfectos. Por más que la perfecta lo intente no puede contra algo que está absolutamente fuera de control: los recuerdos no pueden ser saboteados. Son propios, personales e intransferibles.
Y esa es nuestra revancha. Imperfecta, obvio, ya que es también nuestro peor castigo.
Siempre seremos recordadas con ternura pero no con el suficiente amor como para no ser sólo un recuerdo.
Creo que a veces por más que estemos en paz, duele saber que nos recuerdan con ternura... No porque seamos inconformes, sino porque en definitiva, todas queremos ser ese amor en la vida de alguien... Sobre todo, si ese alguien sigue siendo ese amor en la vida de una... y la ternura no es suficiente…
"Te recuerdan, si, pero no te eligieron, eso es lo que mata…"
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