En medio de un chat con él, a momentos lento, a momentos fluido, hubo un silencio de minutos (al cual ya me tiene acostumbrada). Fui la última en escribir, así que lo dejé, sin presiones. Minutos después...
Él: Lilu?
Yo: eh?
Él: Casate conmigo
Yo:....(silencio)
Es que en ese instante fue como si mi cuerpo hubiera sido lanzado al mismísimo abismo, cerré los ojos y desde el fondo de mi alma deseé con todo el corazón que sus palabras fueran sinceras, deseé que en verdad me amara tanto como yo a él, lo sentí tan dentro mío, impregnado en cada parte de mi ser, como si mi existencia tuviera sentido solo por él. Si eso no es amor, entonces díganme que es, lo siento en el cuerpo, en el alma, en todos lados.
Cuando abrí los ojos y volví pada dar mi respuesta ya habían pasado como 3 o 4 minutos (lo último que se supone que debes hacer cuando te piden matrimonio es callarte), entonces respondí:
¨Bueno¨
Sí, imagino que más de uno habrá muerto con ese ¨Bueno¨, como si lo que dijo no hubiera significado tanto. Pero eso no es así. Quise decir ¨Amor mío, es lo que más deseo en este mundo, estar por siempre a tu lado para cuidarte, amarte y adorarte todos los días de mi vida¨. Pero esa respuesta decidí guardarla en mí, guardarla para el día en que su propuesta llegue acompañada con un anillo (que no precisamente debe ser de diamantes, acepto hasta los de plástico que vienen con chicles para niños), se arrodille ante mí, y me pida casarnos de la forma más dulce y romántica posible. Ya sé que debo estar soñando, aún así, es lo que quisiera para mí.
Por mientras lo hago así porque no sé si lo dijo sólo por decirlo, y no pude más que responder de ese modo, no quiero abrirme a él, me da miedo que no sea verdad, miedo de que tanta felicidad que siento cuando estoy con él no sea más que un espejismo. Por eso prefiero ocultar mis locas emociones, y liberarlas aquí, o dejarlas dentro de mí.
Él no sabe que tengo un blog, tampoco recuerdo si alguna vez se lo mencioné.
Éste es el modo que tengo de cuidar a mi corazón, no me juzguen, en tan poco tiempo mis experiencias me han enseñado que si yo no lo protejo, no hay quien lo haga por mí.




